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jueves, 5 de julio de 2012

Adicciones que matan.


Su presencia me envenena y relaja.
Es como sentarse en tu rincón preferido, tras un largo y cansado día, a la tenue luz de una vela, o de la luna colándose por un recoveco de la ventana. Es como dejarse arrastrar por las notas de tu canción favorita.
Consumiendo tu tiempo a cada calada que le das a tu cigarro. Sintiendo como tus músculos poco a poco se van relajando y tu mente se evade del mundo.
Cada caricia estremece mi piel, tu presencia me llena. Como el denso humo que ahora llena mis pulmones. Cada suspiro, cargado de pasiones, de deseos,  de futuro, de promesas. Promesas que conforme pasa el tiempo se pierden, se desgastan, pierden valor y finalmente se desvanecen en la oscura habitación, mezclándose con las últimas notas de la canción.
Y al final, en el cenicero no quedan más que cenizas. Restos de algo que fue, pero ya se ha perdido. Algo que te llena y alivia. Algo que te mantiene, que te seduce. Algo con lo que matar y disfrutar del tiempo en el que no tienes nada mejor que hacer. Que te hace olvidar y afrontar los problemas.  Que te mata.